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La DIAN ya no espera auditoría: así usa inteligencia artificial para detectar inconsistencias en tiempo real

Durante años, las auditorías tributarias eran procesos que llegaban mucho después de que una empresa presentara sus declaraciones. Hoy ese escenario cambió. Con la consolidación de la factura electrónica, la nómina electrónica y el documento soporte, la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) ha fortalecido el uso de analítica de datos e inteligencia artificial para cruzar información de manera automática y detectar inconsistencias en tiempos mucho más cortos que antes.

Según Sandra Marcela Becerra Chaparro, docente del programa de Administración de Empresas de la Fundación Universitaria del Área Andina en Bogotá, el control tributario dejó de ser un ejercicio retrospectivo para convertirse en un proceso de monitoreo permanente. «Las empresas ya no pueden pensar el cumplimiento tributario como una actividad que ocurre al cierre del mes o del año. Hoy la información se valida prácticamente en tiempo real y eso obliga a fortalecer los controles internos», explica.

Detrás del nuevo modelo de fiscalización existe una arquitectura tecnológica capaz de procesar grandes volúmenes de información electrónica en cuestión de segundos. El sistema recibe archivos XML provenientes de diferentes obligaciones tributarias, integra esos datos en una misma plataforma, realiza cruces automáticos para identificar inconsistencias, utiliza modelos de aprendizaje automático para detectar comportamientos atípicos y asigna niveles de riesgo que pueden generar comunicaciones automáticas dirigidas al contribuyente. En la práctica, la autoridad tributaria pasó de revisar declaraciones de manera aislada a analizar el comportamiento integral de la información que producen las empresas.

El cierre contable dejó de ser una tarea mensual

Este nuevo escenario también modifica la forma de trabajar de las áreas financieras. Esperar al cierre del mes para revisar la información puede resultar insuficiente cuando los datos viajan permanentemente hacia los sistemas electrónicos de la administración tributaria. Por esa razón, las organizaciones necesitan migrar hacia procesos continuos de validación que permitan identificar inconsistencias antes de que la información sea transmitida.Más que preparar reportes periódicos, el desafío consiste en garantizar que cada dato registrado mantenga coherencia con el resto de la información contable y tributaria.

Uno de los temores más frecuentes entre empresarios y contadores es que un error operativo termine siendo interpretado como un intento de evasión.

De acuerdo con Becerra, los modelos analíticos buscan identificar patrones y no hechos aislados. Una equivocación ocasional, como un valor digitado incorrectamente en una transacción, puede ser interpretada como una anomalía procedimental o un ruido estadístico. En cambio, las alertas de mayor riesgo aparecen cuando existen comportamientos repetitivos, inconsistencias sistemáticas o estructuras de transacciones que se apartan del comportamiento esperado para un determinado sector económico. Desde la perspectiva jurídica, además, un error formal que no genere afectación a la obligación tributaria no equivale automáticamente a una conducta fraudulenta.

Las empresas necesitan empezar a auditarse como lo hace la DIAN

Ante este nuevo modelo de fiscalización, una de las principales recomendaciones consiste en desarrollar mecanismos internos que permitan revisar la información antes de enviarla.  Herramientas de integración de datos, plataformas de análisis como Power Query o desarrollos en Python pueden utilizarse para descargar archivos XML, realizar cruces automáticos y detectar inconsistencias de manera preventiva. El objetivo es construir una especie de «simulador» interno que permita identificar posibles alertas antes de que lo haga la autoridad tributaria. De esta manera, la tecnología deja de ser únicamente un instrumento de control estatal para convertirse también en una herramienta de gestión empresarial.

La digitalización tributaria también está transformando el perfil del contador público. A medida que los procesos operativos se automatizan y los sistemas realizan de manera automática buena parte de los cruces de información, el valor del profesional ya no radica exclusivamente en elaborar reportes o verificar cálculos.Su papel evoluciona hacia la interpretación de datos, la gestión del riesgo, el acompañamiento estratégico a la alta dirección y el diseño de procesos de cumplimiento continuo.

«El contador deja de ser un operador de información para convertirse en un analista de datos capaz de anticipar riesgos y aportar criterios para la toma de decisiones», afirma Becerra.

La prevención reemplaza a la reacción

La inteligencia artificial no solo está cambiando la forma en que la DIAN ejerce el control fiscal. También está obligando a las empresas a replantear sus procesos internos.El cumplimiento tributario ya no depende únicamente de presentar declaraciones dentro de los plazos establecidos, sino de garantizar que cada dato enviado sea consistente con el conjunto de la información que circula por los sistemas electrónicos.

En la era de la fiscalización digital, prevenir errores resulta mucho más eficiente que corregirlos después. Y en ese nuevo escenario, la tecnología ya no es únicamente una herramienta de vigilancia: también se convierte en el principal aliado para fortalecer la gestión contable y reducir riesgos.

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